Primera... segunda... tercera... me pongo en marcha con mi Focus. Toca volver.
Tras un viaje frustrado, decido volver anticipadamente para hacer cosas en casa, para estar agusto y prepararme para la vuelta al trabajo de mañana. Esta semana será difícil.
A medida que cojo velocidad, voy haciendo un recuento de todo. Mi cabeza comienza a darle vueltas a todo: preocupación por mi pareja, mis amigos, estos días relajado, películas, un amigo que me tiene un poco preocupado, otros que me vienen a la cabeza sin ninguna razón aparente., personas importantes que se marcharon.. más velocidad... la música suena, canto de manera inconsciente, y a la vez pienso en la semana que viene, en lo que tengo que hacer en casa, vuelven a mi cabeza imágenes de estos días, conversaciones... más velocidad, más volumen a la música... vuelven los amigos a la cabeza, risas aparecen por detrás, y a lo lejos aparecen las montañas. Nubes. Cuatro grandes águilas surcan los cielos por encima de mi coche mientras dejo de lado el desiérto. Acelero al ritmo de la música. Adelantamientos, coches, camiones.
El coche se tambalea por el fuerte aire que hay hoy. Sonrisas de amigos, risas de otros, comida (tengo hambre), nubes oscuras se cruzan por el cielo.
A mayor velocidad, mayor es el número de pensamientos que procesa mi cabeza. Continúo cantando. 140... 150... sigo.
Me gusta la sensación, me relaja todos estos pensamientos y a la vez que me turban, pero el hecho de conducir me sume en un relax hipnótico.
Las montañas ya están ahí al lado, muy cerca y las pequeñas curvas se suceden. Las nubes oscuras reinan en las cumbres y me doy cuenta que ya vuelvo a estar entre montañas, en la ciudad.
Decido cambiar la música, quinta... cuarta... disminuyo la velocidad y me sereno para entrar en la ciudad. Pongo algo más relajado, más tranquilo para hacer mi conducción más tranquila y segura y mis pensamientos se tranquilizan, me concentro en lo que estoy y disfruto de la música, del placer de ir por las calles de la ciudad y andarme con mil ojos por los otros coches, peatones, semáforos, etc. Me encanta.
Llego al garaje, cojo mi maleta y subo a mi casa.
La calle vuelve a estar rebosante de gente, a veces me gustaría llegar a casa y que no hubiera nadie en la calle, pero es uno de los inconvenientes de vivir en pleno centro de la ciudad. Turistas, peregrinos, transeúntes, cañas, pinchos, castañas asadas, fotos, bufandas, abrigos y yo con mi sombrero y mis gafas.
Subo a mi ático, todo esta en su lugar, y en seguida el calor del hogar me atrapa y me da la bienvenida como si nunca me hubiera ido.
"Bienvenido a casa"
Tras un viaje frustrado, decido volver anticipadamente para hacer cosas en casa, para estar agusto y prepararme para la vuelta al trabajo de mañana. Esta semana será difícil.
A medida que cojo velocidad, voy haciendo un recuento de todo. Mi cabeza comienza a darle vueltas a todo: preocupación por mi pareja, mis amigos, estos días relajado, películas, un amigo que me tiene un poco preocupado, otros que me vienen a la cabeza sin ninguna razón aparente., personas importantes que se marcharon.. más velocidad... la música suena, canto de manera inconsciente, y a la vez pienso en la semana que viene, en lo que tengo que hacer en casa, vuelven a mi cabeza imágenes de estos días, conversaciones... más velocidad, más volumen a la música... vuelven los amigos a la cabeza, risas aparecen por detrás, y a lo lejos aparecen las montañas. Nubes. Cuatro grandes águilas surcan los cielos por encima de mi coche mientras dejo de lado el desiérto. Acelero al ritmo de la música. Adelantamientos, coches, camiones.
El coche se tambalea por el fuerte aire que hay hoy. Sonrisas de amigos, risas de otros, comida (tengo hambre), nubes oscuras se cruzan por el cielo.
A mayor velocidad, mayor es el número de pensamientos que procesa mi cabeza. Continúo cantando. 140... 150... sigo.
Me gusta la sensación, me relaja todos estos pensamientos y a la vez que me turban, pero el hecho de conducir me sume en un relax hipnótico.
Las montañas ya están ahí al lado, muy cerca y las pequeñas curvas se suceden. Las nubes oscuras reinan en las cumbres y me doy cuenta que ya vuelvo a estar entre montañas, en la ciudad.
Decido cambiar la música, quinta... cuarta... disminuyo la velocidad y me sereno para entrar en la ciudad. Pongo algo más relajado, más tranquilo para hacer mi conducción más tranquila y segura y mis pensamientos se tranquilizan, me concentro en lo que estoy y disfruto de la música, del placer de ir por las calles de la ciudad y andarme con mil ojos por los otros coches, peatones, semáforos, etc. Me encanta.
Llego al garaje, cojo mi maleta y subo a mi casa.
La calle vuelve a estar rebosante de gente, a veces me gustaría llegar a casa y que no hubiera nadie en la calle, pero es uno de los inconvenientes de vivir en pleno centro de la ciudad. Turistas, peregrinos, transeúntes, cañas, pinchos, castañas asadas, fotos, bufandas, abrigos y yo con mi sombrero y mis gafas.Subo a mi ático, todo esta en su lugar, y en seguida el calor del hogar me atrapa y me da la bienvenida como si nunca me hubiera ido.












